24.5.10

Pan de centeno

“You do not see the medicines, you do not mind the weeping friends, I am with you.”
Walt Whitman

"Peleándote con la vida, reconciliándote a medias,
golpeando como quien golpea el aire,
intentando detener las olas, la crecida, la corriente."
F. G.


Pan de centeno, me pediste,
nada de harinas blancas, nada de azúcares.


Mientras tamizo el centeno pienso
cómo llegamos a esto.
Arriba del tamiz va quedando el salvado
y debajo un polvo claro, fino como talco.
Pongo la harina a remojar, le agrego un poco de salvado,
pienso en la primera vez que oí la noticia,
apenas la primera de una larga lista de noticias
siempre en boca de otros.

No se me olvida tu sonrisa
en la cama del hospital
tu cabeza partida por un tajo y vos sonriendo.
Entonces asegurabas que existe Dios, que nos habías visto a nosotros.

(La semana anterior
nos habíamos juntado en tu casa
para ver “Esperando la carroza”
y vos imitabas a China Zorrilla.)


Comienzo a hacer el bollo, con levadura, miel, melaza,
agua tibia,
y me pregunto por qué las cosas tienen que ser así.


Costra, migas, rodajas,
semillas sobre la cáscara
como un modo de llegar a vos.

Pequeña como este pan,
mi esperanza
no crece ni se contrae,
se queda así,
pendiente, latente,
esperando algo que le dé forma.

2009.

10.4.10

El sentido del sinsentido



El humo de números, y paréntesis derrotados
en una lapicera.

Como el pez que habré de asar serenamente,
siento el perfume. Hambre de mediodía.

Hay un rumor, como el bostezo desubicado de la tierra,
en medio del bosque.

Y una ley, como un puño cerrado apoyado sobre el cristal del mundo: una ley.
Es un ida y vuelta.


Este poema fue escrito en base a una consigna, durante el taller para docentes que se realizó en las X Olimpíadas Colegiales de Poesía de la APOA (Asociación de Poetas Argentinos), el año pasado. La misma consistía en completar frases con metáforas o metonimias que fueran absurdas; por ejemplo: "Un perfume como... hambre de mediodía", "El humo de... números y paréntesis derrotados". Una vez que se escribieron y leyeron los versos "absurdos", se elegían los seis mejores y se reescribía el poema dándole sentido. Ésta fue mi reescritura de los versos originales, que eran los que siguen:

Un perfume como hambre de mediodía.
Un bosque como un puño cerrado apoyado sobre el cristal del ventanal.
Un rumor como el bostezo desubicado de la tierra.
El humo de números y paréntesis derrotados.
Una lapicera como el pez que habré de asar serenamente.
Un ida y vuelta como...


5.6.09

Otros haikus de celular

Es gracioso. Tanto tiempo me resistí al celular, y ahora por fin encontré una utilidad para este aparato: poder apuntar los haikus que se me ocurren mientras camino. Matsuo Bashô debe estar muriéndose de la envidia.
Acá van los últimos haikus de esa cosecha:


ginkgo biloba
sobrevivió Hiroshima
y no la helada

Es invierno.
Sólo cítricos en la
verdulería.

el lustrabotas
tiene un zapato roto
y sin lustrar

Casi haiku

antes de empezar
el lustrabotas ciego
pregunta el color

7.5.09

Dos haikus

Tardé dos años en escribir estos dos haikus. Principalmente, porque quería condensar su contenido en un solo haiku, y encadenar muchas metáforas, demasiadas para una cantidad tan limitada de sílabas. Debajo de la versión definitiva, van algunos borradores desechados. Creo que las razones están a la vista.

1

El picaflor
detiene su aleteo
sobre un dedal.

2

En el dedal,
cabezas de alfiler,
huevos rosados.




Versiones desechadas:


Cabezas de alfiler:
huevos de colibrí
y el nido, un dedal.

El nido es un dedal.
Huevos de picaflor,
cabezas de alfiler.

Son los huevos,
cabezas de alfiler,
en el dedal.

29.1.09

6.30 AM


la casa vacila
y
una vez más
se hunde en el silencio

El tren blindado


el tren se detuvo en la estación
bajaron dos policías con chalecos antibalas
y un tercero se quedó custodiando la puerta del vagón
FAL en mano

franquearon la puerta de la boletería
salieron con bolsas
subieron al vagón
y eso fue todo:
el tren salió hacia la próxima estación


sólo al día siguiente
los usuarios de la línea
que esperaban en el andén
oyeron hablar del robo
cuando estuvo en todos los medios

2.1.09

Haikus guardados en mi celular



Chupa el hilo
y lo enhebra a la aguja.
Piensa en camellos.


Antes de caer sobre las migas
el gorrión
afila el pico en la rama.


Banco de plaza.
Como una pasa al sol
el hombre inmóvil.


26.12.08

El momento mismo


es el momento mismo en que te amo
y llego a ti penetro
en tu valle en tus dos manos

es el momento mismo en que el amor
brota un río verde en cada uno
y nos vuelve a otro sueño
en otros corredores

un cielo nuevo nos abre su puerta lateral
un pájaro un pulpo negro y blanco
una arcilla un rayo un niño nos recibe
y el aire cambia y la tierra grita
en nuestras bocas

cielo serpiente día tuyo y mío
noche entreabierta
asombro de tenerte
viajero en tu verano lento

vamos lejos no volvemos
no hay memoria ni días castigados
es el momento mismo

¿cómo oponer un yo desventurado
tan solo tan pequeño tan hambriento
a esta incesante clara abierta incandescencia?

Edgar Bayley
De Celebraciones (1968-1976)

28.6.08

Ecuación animal

 
A la tarde es cuando vienen,
bandadas de gorriones
y cuervos de un azul oscurísimo.
Picotean siempre sobre el mismo espacio,
como si un círculo imaginario
les hubiera sido asignado.

Por lo general no se molestan,
indiferentes a la existencia del otro.

Hasta que un gorrión se rezaga
y los cuervos, como ante una señal convenida,
levantan vuelo
y aletean en torno a él por un segundo:
ni siquiera llega a verse la sangre.

Los demás gorriones quedan inmóviles:
sólo vuelven a picotear cuando todo ha terminado.

¿Será por miedo a arriesgarse
o porque comprenden la irremediable suerte
que correrán algún día?
 

Sahumancia

Un viejo poema del 2006, inspirado en algo sucedido hace muchos años.


No te vi al entrar,
cegado como estaba
por las luces.

Vos
eras la sombra que avanzó
            –¿desde qué lago,
            desde qué lecho?–
para tomarme del brazo.

        La voz te delató.

Algo se abría
            –un resonar metálico,
            un zumbido opaco–
al terminar cada palabra,
en el borde mismo
de la frase.

        ¿Cuántos muros de incienso quemamos
        en puentes de ceniza?