10.11.18

Vera


Todo momento es, por definición, irrepetible. Y sin embargo, hay algo, si se quiere, todavía más único en este momento. Mi hija tiene tres meses. En el cuenco de su mano izquierda cabe la circunferencia de mi reloj; su mano derecha completa no alcanza para abarcar, todavía, mi dedo meñique.

Cerraré los ojos, los abriré y ya habrá crecido. Su mano será, inevitablemente, más grande. Podrá tomar las cosas; luego apilará bloques; más tarde podrá empuñar un lápiz, y eventualmente hacer signos sobre el papel.

Mi hija crece del mismo modo en que cae la lluvia. Es un sonido continuo e ininterrumpido. No es posible detenerse a analizar cada una de las gotas. Y sin embargo, cuando deja de llover, es como el momento en que me detengo para mirarla a los ojos, para ver cómo le ha crecido el pelo, para comprobar que un nuevo diente asoma a través de las encías.

Ser padre es esta continua contradicción entre querer retener los momentos y desear ver crecer a mis hijos. Es, de manera suprema, lo que más me enfrenta con el nacimiento y la generación; pero también con la mortalidad y la finitud.

Que así sea.


Septiembre de 2017 / Noviembre de 2018

27.7.17

Canción del mate

Canción del mate


Olvidadizo de que ya lo era, quise también ser argentino.
Jorge Luis Borges
Un niño preguntó «¿Qué es la hierba?» trayéndomela a manos llenas.
¿Cómo podría responder al niño? No sé mejor que él lo que es.
Walt Whitman


1

Amanezco
con el mate amargo de tus besos

levanta apenas
el sol a la distancia

vibra la cuerda del día
esboza sus primeras notas

y vos
vos traés la cuerda
   el sol
   el beso

*            *             *


El mate que comienza como el día
el sol recobrado y descubierto
notas quebradas de esta melodía
que va creando tu presencia

*            *             *

Fija tu mirada
sobre el chorro de agua
vertido en el mate

sube un vapor blanco
se arremolina y desaparece
antes de llegar a tu rostro
antes de alcanzar tu mirada

sin saberlo
vos creás una orilla
en este mundo
lo llenás de agua
de aromas
de espuma

*            *             *

Tus besos
el mate
sabores terrestres
que se confunden
en la primera fragancia del día

*            *             *

Imposible distinguir
entre el sol
y tus ojos

entre el mate
y tus besos.



2

Hay un instante
irrepetible
en que la superficie del agua
al fuego
se crispa en un reflejo de opacidad

ese momento
en que las cosas están por decir

en que el borde de los objetos
está dispuesto a ser interrogado

*            *             *

El agua me ofrece un zumbido
una melodía continua
de una sola nota

la canción que acompaña al solitario
por las noches

*            *             *




Saco la pava del fuego
vuelco un chorrito
delicadamente

la yerba retrocede
como asustada
cambia de estado
se oscurece

un segundo chorro

y surge la espuma

*            *             *




El mate
es la armonía
de dos estados opuestos

la calma seca
y el temblor
imparable
del agua que corre


*            *             *

Ante el primer chorro
cruje la madera
de la calabaza
como quien despierta a un diálogo
iniciado por otro

el sonido
viene del fondo de una caverna
–es un manantial
de donde brota
lo inexplicable



10.11.16

Robert P.


Después de dieciséis años, haciendo la acción más banal, me acordé de un profesor que acaso haya sido el mejor que tuve. Era australiano y daba clases de Historia y Literatura. Nunca aprendió bien el español (sus clases eran en inglés), era exigente y severo cuando enseñaba, pero a la vez era capaz de entretenernos y mantener nuestro interés durante la clase completa. Tenía una estrategia didáctica y una capacidad para la enseñanza insuperables. Sabíamos poco y nada de su vida privada, y eso alimentaba nuestra imaginación y las más disparatadas conjeturas. Sólo cuando murió me enteré de que tenía una hija, apenas un poco más grande que yo, que vivía en Australia.
Todavía recuerdo su pasión al enseñar
Hamlet, y su predilección por el poeta T. S. Eliot.
Cuando estaba terminando el secundario, tenía decidido que quería estudiar Letras, pero realmente no sabía si sería capaz de dar clase; de pararme frente a un aula y enseñar algo. Supongo que Robert, sin siquiera saberlo, fue uno de los que me convenció de que sí, que podría hacerlo.
También imaginé que, una vez que terminara el secundario, volvería de visita al colegio para hablar con él, contarle sobre mi carrera universitaria, acaso pedirle algún consejo.
No pudo ser: murió a mediados del año 2000, cuando yo apenas estaba cursando el Ciclo Básico en la UBA. Recuerdo que en ese momento escribí un poema, más por angustia que por inspiración, que me avergüenza un poco por su estilo torpe y que no voy a transcribir.
Ahora, 16 años después, me acuerdo de él y escribo otro poema. Tiene algo de lo que carecía el primero: humor, ironía. Pero hay cosas que siguen ahí, intactas: el afecto, el aprecio, el respeto. Lleva un epígrafe de Eliot que, supongo, a él le hubiera gustado.


lavo la plancha


A Robert Pemberton

For us, there is only the trying. The rest is not our business.
T. S. Eliot


lavo la plancha
para bifes
y pienso en ese profesor
australiano
bebedor de whisky
por las mañanas
alto y corpulento
capaz de transpirar íntegra
una camisa
en apenas una hora

ese profesor
carismático
y severo
que jamás aprendió el español
de quien decíamos
que era socialista
por defender a Fidel Castro
y que –se supone–
hasta había peleado
en la guerra de Vietnam
sin que supiéramos cómo
ni por qué

en ese profesor
pienso
ahora
mientras lavo la plancha
para bifes
porque él nos hablaba
de la mugre
que no pueden erradicar
la esponja
y el detergente
mientras explicaba
los Preludes de Eliot

la luz del sol
podrá quebrarse como una columna rota
el mundo no terminará con un estallido
sino con un quejido
y acaso estemos condenados
a ser hombres huecos
en una tierra baldía–

así y todo
sin embargo
ahora
lavo la plancha
y ese acto
en medio del fárrago intenso
de la vida
tiene un sentido
y un propósito

mandarino


veo secarse el amor
como un mandarino que se deshoja

hojas amarillas
opacas
como un lecho de muerte
sobre la tierra

¿qué es más terrible:
que se seque
el amor que plantamos alguna vez

o que se deshoje el mandarino
en plena primavera?


                   *

al pie del árbol seco
cultivaremos la esperanza
de que aparezca un brote
entre las ramas muertas

2.7.15

La infancia




La infancia es la panza de mamá embarazada, flotando boca arriba al sol en la pileta
La infancia es la miga de una chiffón de vainilla, untada con la crema de limón que sobró de la torta
La infancia es una tarde en la playa en la que se desató una tormenta de viento y corrimos a refugiarnos al auto
La infancia es un break tirado por la Picasa, bajando por la cañada que lleva al río
La infancia es una palmera solitaria en la barranca, sobre la casa que daba al golf
La infancia es una gata peluda que colgaba del árbol de moras en la quinta de San Fernando
La infancia es leer completa la revista Billiken un sábado por la mañana
La infancia es faltar un lunes al colegio y quedarse disfrutando la mañana en pijama
La infancia es lamer las paletas de la batidora llenas de merengue italiano
La infancia es ver las partículas de aire flotando como oro bajo los rayos del sol de la mañana
La infancia es la galletita que come de tu mano la jirafa
La infancia es una tarde de verano en el club, con juncos y el pasto corto junto a las olas tímidas del río
La infancia es la 7up sin gas para tomar cuando estabas enfermo
La infancia es jugar a las escondidas con los cajones de la mudanza
La infancia es la laja de la pileta donde habitaban, petrificados, animales prehistóricos
La infancia es buscar los huevos de chocolate por el jardín en la mañana de Pascua
La infancia es descubrir la forma de los copos de nieve un invierno en Chile
La infancia es el hipopótamo de Pumper Nic que se comía las sobras de tu comida
La infancia es comer la polenta con mucho queso rallado, empezando desde el borde del plato y yendo hacia el centro
La infancia es dejar el último diente de leche bajo la almohada para el Ratón Pérez
La infancia es un pulóver tejido a mano que usaste de bebé
y que ahora lleva puesto tu hijo

El ciruelo



 Ayer se cayó el ciruelo,
el único árbol antiguo
que quedaba en el jardín.

No lo volteó una tormenta
ni lo partió un rayo;
no cayó por un vendaval
ni tampoco se secó de viejo.

Simplemente se desplomó al suelo,
exhausta su columna vegetal,
agotadas sus raíces
del abrazo perpetuo con la tierra.

Yo que descubrí sobre su corteza
insectos atrapados
en gruesas gotas de savia seca,
yo que rescaté de entre sus ramas
una herradura vieja que alguien olvidó alguna vez;
yo que enmudecí frente a la maravilla blanca
de cientos de flores diminutas
espolvoreadas entre sus hojas
y rescaté sus frutos amarillos
repletos del agua del verano,
no tuve despedida
ni palabras que decirle
al ciruelo.

Mi hijo no lo verá en pie,
no se colgará entre sus ramas;
quizás tropezará con el hueco inmenso
o alcanzará a tocar un tronco,
un pedazo de corteza seca.

El ciruelo
simplemente se arremolinó sobre sí
y exhaló un crujido,
como quien muere solo
con el rostro vuelto hacia la pared.

Octubre de 2012.




El peso del mundo


Me pediste
en tu lecho de muerte
apretando mi mano pequeña
entre tus palmas arrugadas
que cuidara de mi madre,
tu hija:
“Ella es frágil”, dijiste,
“no como vos
que sos fuerte
porque naciste sosteniendo el peso del mundo”.

Ahora mis palmas arrugadas
sostienen una mano pequeñita,
la de mi nieta,
y comprendo todo:
la fragilidad
es hereditaria
pero se saltea una generación.

2010.

2.10.14

voyageur / voyeur


insomne
mira a la mujer
que duerme a su lado en el ómnibus

las luces cruzan el rostro de ella
en ramalazos fugaces

una marea de sombra
lame el contorno de su rostro
llega hasta sus labios
                        y se retira
gateando
arrastrándose de nuevo
                        a la penumbra

allí donde la mirada ávida de él
encuentra su refugio

Agosto de 2014.

21.11.13

Cita


"Lo único cierto, lo único real en esta vida... es el dolor."

–Robert D'Arbre

4.3.13

Elegía

Each one believing that love never dies,
Watching her eyes and hoping I’m always there.
To be there and ev’rywhere,
Here, there and ev’rywhere.
Lennon-McCartney

16 de marzo de 2005.

1

Hoy murió mi abuela Malena. Un accidente tonto con un golpe serio, una operación pospuesta y una recuperación trabajosa fueron los antecedentes. Los últimos días seguía igual; no había vuelto a despertarse desde la operación. El mundo a veces es cruel en sus intentos de resguardar a los demás, a nuestros queridos viejos: son tan bellos y delicados que pueden romperse con el roce de una mano.

2

Entré varias veces a la habitación de la clínica. Era la primera vez que veía un muerto en mi vida, y me costó ver ahí a mi abuela. Su expresión era distinta (en parte, producto del golpe), y sus pobres brazos se estaban hinchando.
Pero el dolor ya no era por ella, sino por los que estaban ahí: mi abuelo Horacio, llorando por primera vez para mí; mis tíos, mi vieja.

3


El velorio fue muchas horas después, en lo de mis abuelos. Ahí volví a verla, volví a ver a mi abuelo, a mis parientes. Ahora la habían arreglado, tal como a ella le hubiera gustado, y entre sus manos habían puesto un rosario. Parecía un ángel. Llevaba en su cuello el regalo que le hicimos sus nietos cuando cumplió 80 años: una cadena, con varias medallitas. Mi tío José le hizo un chiste a Horacio, si no le había faltado ponerle algo más: “Mi corazón”, dijo con sencillez mi abuelo.

4


Salí al balcón del departamento a tomar aire. Hablaba con mi tío Martín, y le comenté que la noche anterior había leído a Whitman. Intenté describirle la idea de sus versos, de que Whitman no creía en la muerte como tal; ¿cómo podía haber muerte, si la tierra, al recibir los restos y los cadáveres enfermos, ofrecía pastos cubriendo las llanuras en primavera, pájaros trinando, hojas verde-oscuras saliendo de las papas, y la hoja de cebolla, perforando hacia arriba como una lanza?
En el sanatorio, habíamos visto a mi prima Guilli, embarazada de varios meses. ¿Cómo puede haber muerte, con toda la vida que han dejado tras de sí mis abuelos? Somos su fruto, somos las hojas de hierba, la primavera de los días; vivimos todavía, a través de nuestros abuelos y gracias a ellos.


5


En el pasillo que da al dormitorio donde velan a mi abuela, veo los cuadros colgados. Son tres cuadros grandes, tres collages que hizo mi abuelo, superponiendo y pegando infinidad de fotos donde aparecen Malena o él, mis tíos (sus hijos), y nosotros, los nietos. Hay fotos antiguas y recientes; algunas, en blanco y negro. También la foto de los 80 años de mi abuelo, y la de los 80 de mi abuela, enmarcadas aparte en cuadros grandes. Y del otro lado, las fotos del casamiento de ellos y el de los hijos.
Entonces empiezo a entender. Mi abuela Malena no está en la habitación; mi abuela Malena está en esas fotos, porque así era cuando vivía: alegre, pícara e inseparable de mi abuelo hasta la muerte. Está en las anécdotas de los que vinimos hasta acá a despedirnos, y en nuestros corazones.

6


También hablé con mi tío José mientras estaba en el balcón del departamento de mis abuelos. Un horrible edificio que están construyendo enfrente les tapa la vista que tenían, y de la que tengo muchos recuerdos. José me dijo que había pasado un tiempo con sus viejos en enero, y que entonces Malena le había dicho: “Horacio me dice que podemos comprar alguno de los pisos, para poder ver el río…”. Imagino la escena: dos viejos que llegan a un departamento totalmente vacío, avanzan hacia el balcón y van saboreando la vista de a poco, sabiendo que tienen todo el tiempo del mundo por delante.


7

No sé si hay cielo; sí sé, como Whitman, que hay vida, no muerte:

The smallest sprout shows there is really no death,
And if ever there was it led forward life, and does not wait at the end to arrest it,
And ceas’d the moment life appeared.

(El brote más pequeño muestra que en realidad no hay muerte,
Y que si hubo empujó a la vida y no espera al cabo de ella para detenerla,
Y cesó al aparecer la vida.)


También sé que mi abuela aún vive en ese lugar. Sé que mañana no enterraremos su cuerpo, porque su cuerpo ya dejó de ser ella hace tiempo. Ella se esparció en el aire, en el cielo, en la hierba; en nosotros, sus hijos, sus nietos, sus frutos.

17 de marzo de 2005.

8

En el entierro un sol ardiente partía la tierra, y yo estaba muy acalorado con el traje. Hicieron bajar el ataúd, y nos quedamos un rato largo en silencio. Finalmente, rezamos un ave María.
Ahora es de noche, y llueve. El calor del día cayó de golpe hace más o menos media hora, mojando toda la ciudad, incluyendo la tumba recién sepultada. Supongo que así debe ser. Ahora la hierba crecerá fuerte, subirán sus hojas, brotará alguna flor entre el pasto. Y ahí, arriba, abajo, en todas partes, estará mi abuela Malena, que parecía un ángel cuando la despedimos.

23.1.13

Haiku ajeno


Paciente lluvia.
Después de la tormenta
se mueve el árbol.


Cada tanto encontramos viejos escritos y nos los atribuimos solo porque están fechados, firmados y redactados por nosotros: no importa que el contenido nos resulte ajeno, ni que nosotros seamos, esencialmente, otros.
Para completar el círculo, transcribo este haiku que parece haber atravesado los continentes y los siglos para llegar a mi presente y a mis papeles.

11.1.13

como la luz /contra la sombra



como la luz
contra la sombra


                 voy a reunir las huellas
                 los rastros
                 que dejaste dispersos

como la luz
contra la sombra


                 voy a invocar los fantasmas
                 voy a encender los fuegos
                 voy a seguir la senda

como la luz
contra la sombra


                no te prometo llegar

                 te ofrezco apenas
                 mi duda
                                    como certeza
                 mis manos
                                    como árboles ardiendo
                 una senda
                                    como campo de estrellas



Un viejo poema de 2005 que encontré casi por casualidad.

8.10.12

¡Presentación!





¡Presento mi primer libro! Estaré acompañado de una dupla que se las trae: Santiago Espel y Buby Kofman, quienes también presentarán sus últimas publicaciones. Ojalá puedan venir. Es en La Plata, pero bien vale el viaje.

16.8.12

Poema plagiado


  VICENTE / SOFIA    mis felicitaciones  a los  dos      1er  nieto   un gran   abrazo     se me complica un poco  ir a la plata  espero  conocerlo pronto      muchos saludos 

(Transcripción textual del e-mail que me envió mi tío Enrique por el nacimiento de mi hijo Julián.)

27.8.11

Troya



Al día siguiente montamos a caballo
para visitar el lugar del combate:

estaba desierto
y las aves de rapiña
cumplían su obra;

sólo algunos carros
cruzaban el campo
lentamente,
cargados de cadáveres,

dirigiéndose a unas zanjas
                   largas
            y profundas

donde desaparecían juntos
                   vencidos
            y vencedores.


(Testimonio de Théodore Lacordaire acerca de
la batalla de La Tablada, 22 de junio de 1829.)

Fin del mundo



En el fondo
de un bar de Constitución
un hombre
sigue sin mirar el pan al lado suyo,
no ha tocado aun la sopa
y lee con paciencia
un libro pesado,
de inconfundible letra grande.

Allí
se encuentra escrito
inexorablemente
el fin del mundo.

Mientras lee
el hombre siente
una mano sobre su hombro;

entonces
escucha la voz,
la inconfundible voz,
pero no se da vuelta:

“No temas, soy yo,
el primero y el último,
el que vive.”

2010.


5.6.11

Apocalipsis


A Jorge Luis

No queda nadie en el mundo.
Cuando el último libro fue quemado (ese libro del que se nos prohibió decir el nombre), aparecieron los cuatro jinetes. Nadie, salvo aquellos de nuestros líderes que habían podido leer el libro, entendió.
Ahora todos los demás seres han muerto. Aún no entiendo por qué quedé con vida.
Cada día, leo un poco más del único ejemplar que se salvó del fuego, intentando comprender.


Este microcuento surgió a partir de una variación del cuento "Sola y su alma" (Alone with Her Soul), de Thomas Bailey Aldrich, que sin duda ha llegado a ser muy conocido a partir de la Antología de la literatura fantástica (1940) de Borges, Bioy y Silvina Ocampo. Por eso la dedicatoria: la filiación borgeana del cuento es innegable.


24.3.11

Postal de un jueves



iluminadores y técnicos
trepan a los andamios
ajustan parlantes
corren cables
montan la parafernalia
de otra protesta contra la inseguridad

de pronto
uno de ellos advierte
la llegada

puntuales como las agujas del reloj
constantes como un árbol en la tormenta
ahí están para hacer su ceremonia
su marcha callada

no convocaron a nadie
y la gente las sigue

hasta hay algunos turistas
que se llegaron a la plaza
para sacarle fotos
y de los iluminadores
los técnicos
y la protesta de hoy a la tarde
por un rato
nadie se acuerda

Agosto de 2007.


Durante tres años, fui todos los jueves a cursar un Programa de capacitación en el microcentro porteño. El primer año salía del Instituto, pasaba por Plaza de Mayo y me tomaba la línea E del subte hacia la Facultad. Y todos los jueves veía cómo aparecían ahí ellas, y se ponían a dar vueltas por la Plaza. A veces me quedaba un rato largo mirándolas. Escribí este poema en uno de esos jueves, en medio de un clima en el que otro sector de la sociedad (que supo callarse durante muchos años) clamaba sordamente por más seguridad.
Hoy, a 35 años del último golpe, me acordé de ese poema y decidí publicarlo en el blog.

17.6.10

Haiku de invierno


Leo poesía
a la luz de las velas:
corte de luz.

24.5.10

cuando te fuiste



cuando te fuiste
te llevaste con vos la poesía

con esto no quiero decir
que se fue la música
la belleza
no estoy usando una metáfora
sino que digo
que cuando te fuiste
elegiste de los libros
los que te parecían más caros y lujosos
ediciones bilingües importadas o agotadas
casi todas de tapas duras
y te llevaste a Ezra Pound Dickinson Borges
Góngora Mallarmé Joseph Brodsky
Jacques Prévert Ungaretti Gonzalo de Berceo

seguramente
para venderlos por nada o casi nada
al librero con cara de zorro
pedazo de puta

2009.


Como "La ampolla de sangre", este es uno de esos poemas que nunca hubiese reconocido como propio de no ser porque abrí el cuaderno y encontré, inconfundiblemente, mi letra, mi forma de subrayar y de fechar los textos. Me resulta tan ajeno, y a la vez me gusta tanto, que lo transcribo sin modificaciones.