21.11.13

Cita


"Lo único cierto, lo único real en esta vida... es el dolor."

–Robert D'Arbre

4.3.13

Elegía

Each one believing that love never dies,
Watching her eyes and hoping I’m always there.
To be there and ev’rywhere,
Here, there and ev’rywhere.
Lennon-McCartney

16 de marzo de 2005.

1

Hoy murió mi abuela Malena. Un accidente tonto con un golpe serio, una operación pospuesta y una recuperación trabajosa fueron los antecedentes. Los últimos días seguía igual; no había vuelto a despertarse desde la operación. El mundo a veces es cruel en sus intentos de resguardar a los demás, a nuestros queridos viejos: son tan bellos y delicados que pueden romperse con el roce de una mano.

2

Entré varias veces a la habitación de la clínica. Era la primera vez que veía un muerto en mi vida, y me costó ver ahí a mi abuela. Su expresión era distinta (en parte, producto del golpe), y sus pobres brazos se estaban hinchando.
Pero el dolor ya no era por ella, sino por los que estaban ahí: mi abuelo Horacio, llorando por primera vez para mí; mis tíos, mi vieja.

3


El velorio fue muchas horas después, en lo de mis abuelos. Ahí volví a verla, volví a ver a mi abuelo, a mis parientes. Ahora la habían arreglado, tal como a ella le hubiera gustado, y entre sus manos habían puesto un rosario. Parecía un ángel. Llevaba en su cuello el regalo que le hicimos sus nietos cuando cumplió 80 años: una cadena, con varias medallitas. Mi tío José le hizo un chiste a Horacio, si no le había faltado ponerle algo más: “Mi corazón”, dijo con sencillez mi abuelo.

4


Salí al balcón del departamento a tomar aire. Hablaba con mi tío Martín, y le comenté que la noche anterior había leído a Whitman. Intenté describirle la idea de sus versos, de que Whitman no creía en la muerte como tal; ¿cómo podía haber muerte, si la tierra, al recibir los restos y los cadáveres enfermos, ofrecía pastos cubriendo las llanuras en primavera, pájaros trinando, hojas verde-oscuras saliendo de las papas, y la hoja de cebolla, perforando hacia arriba como una lanza?
En el sanatorio, habíamos visto a mi prima Guilli, embarazada de varios meses. ¿Cómo puede haber muerte, con toda la vida que han dejado tras de sí mis abuelos? Somos su fruto, somos las hojas de hierba, la primavera de los días; vivimos todavía, a través de nuestros abuelos y gracias a ellos.


5


En el pasillo que da al dormitorio donde velan a mi abuela, veo los cuadros colgados. Son tres cuadros grandes, tres collages que hizo mi abuelo, superponiendo y pegando infinidad de fotos donde aparecen Malena o él, mis tíos (sus hijos), y nosotros, los nietos. Hay fotos antiguas y recientes; algunas, en blanco y negro. También la foto de los 80 años de mi abuelo, y la de los 80 de mi abuela, enmarcadas aparte en cuadros grandes. Y del otro lado, las fotos del casamiento de ellos y el de los hijos.
Entonces empiezo a entender. Mi abuela Malena no está en la habitación; mi abuela Malena está en esas fotos, porque así era cuando vivía: alegre, pícara e inseparable de mi abuelo hasta la muerte. Está en las anécdotas de los que vinimos hasta acá a despedirnos, y en nuestros corazones.

6


También hablé con mi tío José mientras estaba en el balcón del departamento de mis abuelos. Un horrible edificio que están construyendo enfrente les tapa la vista que tenían, y de la que tengo muchos recuerdos. José me dijo que había pasado un tiempo con sus viejos en enero, y que entonces Malena le había dicho: “Horacio me dice que podemos comprar alguno de los pisos, para poder ver el río…”. Imagino la escena: dos viejos que llegan a un departamento totalmente vacío, avanzan hacia el balcón y van saboreando la vista de a poco, sabiendo que tienen todo el tiempo del mundo por delante.


7

No sé si hay cielo; sí sé, como Whitman, que hay vida, no muerte:

The smallest sprout shows there is really no death,
And if ever there was it led forward life, and does not wait at the end to arrest it,
And ceas’d the moment life appeared.

(El brote más pequeño muestra que en realidad no hay muerte,
Y que si hubo empujó a la vida y no espera al cabo de ella para detenerla,
Y cesó al aparecer la vida.)


También sé que mi abuela aún vive en ese lugar. Sé que mañana no enterraremos su cuerpo, porque su cuerpo ya dejó de ser ella hace tiempo. Ella se esparció en el aire, en el cielo, en la hierba; en nosotros, sus hijos, sus nietos, sus frutos.

17 de marzo de 2005.

8

En el entierro un sol ardiente partía la tierra, y yo estaba muy acalorado con el traje. Hicieron bajar el ataúd, y nos quedamos un rato largo en silencio. Finalmente, rezamos un ave María.
Ahora es de noche, y llueve. El calor del día cayó de golpe hace más o menos media hora, mojando toda la ciudad, incluyendo la tumba recién sepultada. Supongo que así debe ser. Ahora la hierba crecerá fuerte, subirán sus hojas, brotará alguna flor entre el pasto. Y ahí, arriba, abajo, en todas partes, estará mi abuela Malena, que parecía un ángel cuando la despedimos.

23.1.13

Haiku ajeno


Paciente lluvia.
Después de la tormenta
se mueve el árbol.


Cada tanto encontramos viejos escritos y nos los atribuimos solo porque están fechados, firmados y redactados por nosotros: no importa que el contenido nos resulte ajeno, ni que nosotros seamos, esencialmente, otros.
Para completar el círculo, transcribo este haiku que parece haber atravesado los continentes y los siglos para llegar a mi presente y a mis papeles.

11.1.13

como la luz /contra la sombra



como la luz
contra la sombra


                 voy a reunir las huellas
                 los rastros
                 que dejaste dispersos

como la luz
contra la sombra


                 voy a invocar los fantasmas
                 voy a encender los fuegos
                 voy a seguir la senda

como la luz
contra la sombra


                no te prometo llegar

                 te ofrezco apenas
                 mi duda
                                    como certeza
                 mis manos
                                    como árboles ardiendo
                 una senda
                                    como campo de estrellas



Un viejo poema de 2005 que encontré casi por casualidad.

8.10.12

¡Presentación!





¡Presento mi primer libro! Estaré acompañado de una dupla que se las trae: Santiago Espel y Buby Kofman, quienes también presentarán sus últimas publicaciones. Ojalá puedan venir. Es en La Plata, pero bien vale el viaje.

16.8.12

Poema plagiado


  VICENTE / SOFIA    mis felicitaciones  a los  dos      1er  nieto   un gran   abrazo     se me complica un poco  ir a la plata  espero  conocerlo pronto      muchos saludos 

(Transcripción textual del e-mail que me envió mi tío Enrique por el nacimiento de mi hijo Julián.)

27.8.11

Troya



Al día siguiente montamos a caballo
para visitar el lugar del combate:

estaba desierto
y las aves de rapiña
cumplían su obra;

sólo algunos carros
cruzaban el campo
lentamente,
cargados de cadáveres,

dirigiéndose a unas zanjas
                   largas
            y profundas

donde desaparecían juntos
                   vencidos
            y vencedores.


(Testimonio de Théodore Lacordaire acerca de
la batalla de La Tablada, 22 de junio de 1829.)

Fin del mundo



En el fondo
de un bar de Constitución
un hombre
sigue sin mirar el pan al lado suyo,
no ha tocado aun la sopa
y lee con paciencia
un libro pesado,
de inconfundible letra grande.

Allí
se encuentra escrito
inexorablemente
el fin del mundo.

Mientras lee
el hombre siente
una mano sobre su hombro;

entonces
escucha la voz,
la inconfundible voz,
pero no se da vuelta:

“No temas, soy yo,
el primero y el último,
el que vive.”

2010.


5.6.11

Apocalipsis


A Jorge Luis

No queda nadie en el mundo.
Cuando el último libro fue quemado (ese libro del que se nos prohibió decir el nombre), aparecieron los cuatro jinetes. Nadie, salvo aquellos de nuestros líderes que habían podido leer el libro, entendió.
Ahora todos los demás seres han muerto. Aún no entiendo por qué quedé con vida.
Cada día, leo un poco más del único ejemplar que se salvó del fuego, intentando comprender.


Este microcuento surgió a partir de una variación del cuento "Sola y su alma" (Alone with Her Soul), de Thomas Bailey Aldrich, que sin duda ha llegado a ser muy conocido a partir de la Antología de la literatura fantástica (1940) de Borges, Bioy y Silvina Ocampo. Por eso la dedicatoria: la filiación borgeana del cuento es innegable.


24.3.11

Postal de un jueves



iluminadores y técnicos
trepan a los andamios
ajustan parlantes
corren cables
montan la parafernalia
de otra protesta contra la inseguridad

de pronto
uno de ellos advierte
la llegada

puntuales como las agujas del reloj
constantes como un árbol en la tormenta
ahí están para hacer su ceremonia
su marcha callada

no convocaron a nadie
y la gente las sigue

hasta hay algunos turistas
que se llegaron a la plaza
para sacarle fotos
y de los iluminadores
los técnicos
y la protesta de hoy a la tarde
por un rato
nadie se acuerda

Agosto de 2007.


Durante tres años, fui todos los jueves a cursar un Programa de capacitación en el microcentro porteño. El primer año salía del Instituto, pasaba por Plaza de Mayo y me tomaba la línea E del subte hacia la Facultad. Y todos los jueves veía cómo aparecían ahí ellas, y se ponían a dar vueltas por la Plaza. A veces me quedaba un rato largo mirándolas. Escribí este poema en uno de esos jueves, en medio de un clima en el que otro sector de la sociedad (que supo callarse durante muchos años) clamaba sordamente por más seguridad.
Hoy, a 35 años del último golpe, me acordé de ese poema y decidí publicarlo en el blog.